MANIFIESTO

Este es el espacio que recoge mi forma de ver y mirar la vida y donde contar las historias de las personas a las que retrato.

Capturar un momento que no volverá a repetirse me parece algo mágico, y es de lo más hermoso de este trabajo.

Lo que más me gusta es la luz blanca y las personas honestas. El olor a higuera y el del mar. El paisaje desnudo de los Monegros, donde nacieron todos antes de mí.

Las baldosas de Barcelona y el cielo de Madrid.

El teatro, leer a la sombra, ir descalza y hacer cosas con las manos. Los helados de pistacho.

Organizarlo todo, cenas, viajes o armarios.

Los muebles de los 50, ver películas en el cine, tornear arcilla y estar rodeada de plantas a las que cuidar. Las cosas sencillas, el chocolate con porras y las conversaciones largas. Los abrazos cálidos y largos.

El olor a café por la mañana, el silencio y cocinar sola a ritmo de jazz.

Las mujeres y los hombres valientes, y que me miren a los ojos.

La música muy alta, recordar los días felices y la ilusión de un día más por delante.

Y me gustaría que estas imágenes mostrasen algo de mí.

Elisa Abión

Capturar un instante fugaz y poder guardarlo para siempre es de lo más bonito de este oficio de fotógrafa.

Llegar a la fotografía no ha sido un camino fácil; más bien es una larga historia. Hace 15 años empezaba a trabajar en una consultora en la planta 31 de un rascacielos, y nunca hubiera imaginado que unos años después, decidiría cambiar mi vida. En aquel momento, tampoco sabía demasiado de fotografía. Sabía que lo que entonces tenía no era para mí y que no quería que ese fuese el futuro.

 

Disfrutaba en el cine o descubría la mirada de muchos fotógrafos en las exposiciones a las que siempre me ha gustado ir.  Me interesaba mucho más cualquier cosa relacionada con el arte o que pudiera hacer con mis manos.

 

Un día decidí comenzar a formarme en una escuela profesional de fotografía, y cuando terminaba el curso, llamé a la puerta de un estudio en La latina. Allí empecé de nuevo, desde cero. Ayudaba en las producciones de publicidad y moda, y me hicieron los primeros encargos como asistente, cubriendo eventos, prensa y hasta un festival de teatro. Recuerdo la emoción al ver mi primera foto publicada en El país.

 

Después, las bodas llegaron de forma inesperada para quedarse. De ellas, me gusta acompañar tan de cerca a las parejas, planificar sus retratos de familia y buscar la belleza durante un día tan feliz para todos. 

 

Esos trabajos de fotografía de bodas conviven con las fotos de pequeñas (grandes) marcas que han contado conmigo. Disfruto de las producciones desde la organización y la dirección de arte hasta el final. Siento mucha calma al retratar interiores y me gusta combinarlo con las bodas. Retratar a una familia o la ropa de una marca que me gusta enriquece cada uno de esos trabajos. La mirada, la curiosidad y la dedicación son siempre las mismas.

 

De esos principios va a hacer casi 8 años. Hoy me siento muy afortunada de tener un oficio tan bonito, que me permite trabajar desde mi parte más creativa.

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